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Amistad bordada.

Conocí a Bea cuando yo tenía quince años y ella dieciocho, todavía me acuerdo de la impresión que me causó aquel día: me pareció alguien seguro de sí mismo y de sus opiniones y con un genial sentido del humor y energía. Precisamente entonces me tocó atravesar uno de esos malos momentos que te hacen madurar y entender un poco más el mundo y su funcionamiento, y precisamente alguien que no esperaba que estuviera ahí apareció para darle sentido a todo y demostrarme que la amistad era exactamente como yo la entendía. Pese a la diferencia de edad (que entonces se notaba mucho más que ahora que ambas estamos asentadas en la treintena) siempre me trató como a una igual, no como a la menor de las dos, ni pretendió darme lecciones ni mucho menos. Al revés, congeniamos de inmediato y nos convertimos en compañeras inseparables. Han pasado ya casi veinte años, ¡veinte años!, y puedo decir con orgullo que nuestra amistad sigue igual, más fuerte si cabe, pero con la misma esencia. Atrás han quedado, si, esas largas conversaciones sentadas en la parada del autobús de madrugada comiéndonos cada una una palmera de chocolate y una buena bolsa de pipas (jajaja, que tiempos aquellos), pero aún somos capaces de pasarnos horas y horas hablando de lo humano y lo divino y quedarnos aún tema para llamarnos horas después por teléfono y seguir hablando. Bea sigue siendo la persona a la que admiraba entonces y admiro ahora, a través de ella he podido conocer otra vida distinta a la que yo he seguido, he conocido la experiencia de ser mamá de dos maravillosos muchachos de los que estar orgullosa, la he visto pelear por lo que era justo, sufrir y después recuperarse para seguir presentando batalla. Sigue siendo la misma, o mejor dicho, se ha convertido en alguien mejor pero conservando la esencia de la persona que ya era cuando la conocí. No sé qué será de nuestra vida en el futuro, lo que sí sé es que pase lo que pase seguiremos siendo amigas, porque ya hemos superado todas las fases que nos tocaba superar, incluso en algún momento supimos que nos tocaba recorrer el camino por separado para reencontrarnos después y sentir que nada había cambiado. Sé que no hay nada que pueda decir que ella no vaya a entender y que si no me entiende, con el cariño y el respeto que siente por mí hará lo posible por hacerlo y desde luego lo aceptará desde el primer momento. Sé que cuando me equivoco no tiene reparo en decírmelo, con afecto, pero me lo dice... y del mismo modo sé que puedo confiar en ella en todos los aspectos de mi vida y de mi personalidad. Y que desde luego es mutuo. Quizá seamos muy distintas en muchas cosas, pero en lo importante, en lo esencial, somos muy iguales y esas semejanzas y diferencias hacen que nuestra relación sea tan buena.

¿Por qué os cuento esto? Pues en principio porque me apetecía decirlo, jejeje, pero también a modo de introducción al bordado que quiero enseñaros. Hace años Bea me regaló un cuadro bordado a punto de cruz de un osito (un cuadro perfecto para la habitación de un pequeñajo que llegará cuando sea el momento adecuado a nuestra vida). Es un cuadro hecho con tanto amor, y al que se le ha dedicado tanto tiempo y cuidado, que para mi es uno de los regalos más especiales que ha podido hacerme a lo largo de estos años, (ese y el perrito dálmata de peluche que se marchó con mi pequeño Lucas ya que era su favorito). Así que este año quería hacerle algo igual de especial o al menos intentarlo. Como ando coqueteando con el bordado me pareció buena idea mezclar un poco de diseño y el arte de bordar así que me puse manos a la obra y este fue el resultado:

A ella le ha gustado mucho y ese era el objetivo, así que pese a los fallos que pueda tener porque es un bordado de principiante yo me siento satisfecha. Está hecho con mucho cariño y dice exactamente lo que quiero que sepa, porque es así, porque siempre ha estado en mi vida cuando la he necesitado y espero que ella sienta lo mismo, que sepa que puede contar conmigo para lo que sea, no importa. Me gustó hacerlo y si os digo la verdad, desde que lo acabé ha estado en ese lugar de la estantería y ahora noto que falta, así que es posible que termine haciéndome un gemelo para que las dos tengamos ese recordatorio a nuestro lado para no olvidar que estamos para eso y para mucho más.

Si queréis hacer uno igual aquí os dejo el esquema de bordado que dibujé en su momento:


4 comentarios :

  1. Lo primero enhorabuena por el "fondo" de su comentario: tener una amiga que ha estado y sigue estando, y que a pesar de una evolución diferente en ambas, eso ha servido para enriquecer y no para separar.
    Lo segundo por el objeto en si. Creo que puede sentirse orgullosa de su trabajo, y sobre todo del amor puesto en su realización, que no se ve, pero seguro que ella lo siente.

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    1. Muchas gracias, Lourdes :) Un abrazo.

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  2. Has logrado conmoverme. Y no sabes como aplaudo la emoción que has conseguido motivarme con esta entrada. Te felicito a tí y a Bea por esta amistad tan duradera y fuerte. Y me encantó la manera como la celebraste.

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    1. Un abrazo muy fuerte, Carmen. Si esta entrada, además de gustarte, te ha emocionado la doy por doblemente buena ;) Tu sabes que estás entre mis personas más queridas y me hace aún más feliz que compartamos también la amistad con Bea.

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